África y el cliché. Reflexiones decimonónicas

Ciertos antecedentes de la visión sobre África y los estereotipos que hoy continúan predominando sobre lo africano, pueden rastrearse en la obra de un ilustre pensador argentino del siglo XIX, Domingo F. Sarmiento, considerado “padre del aula” quien, fiel a la época, impregnó de racismo el tópico.

“Los africanos son conocidos por todos los viajeros como una raza guerrera, llena de imaginación y de fuego, y aunque feroces cuando están excitados, dóciles, fieles y adictos al amo o al que los ocupa”. Con el racismo propio de época, así describió en 1845 a los africanos Domingo Faustino Sarmiento. Lo hizo en su paradigmático Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, escrito en 1845.Sarmiento

El 11 de septiembre en Argentina, un país que se jacta de una blancura indiscutible y se considera una nación europea en Sudamérica, se celebra la figura del “padre del aula”, según reza el himno en honor al sanjuanino, escritor, docente, intelectual y, entre otros cargos en diversas gestiones, Presidente del país en el período 1868-1874, una etapa caracterizada por ser de organización nacional y en la cual se forjaron varios mitos de la historia argentina.

Él y tantos otros fueron responsables de la creación del mito de que en Argentina no hay negros, afirmación que hoy se sigue sosteniendo, aunque sin mayor fundamento. En 1883, su obra Conflicto y armonía de las razas en América indicaba: “Quedan pocos jóvenes de color (…); pero como raza, como elemento social, no son ya sino un accidente pasajero, habiendo desaparecido del todo en las provincias, y no habiendo podido establecerse fuera de la ciudad”. Sin embargo, la evidencia histórica no coincide con sus apreciaciones, aunque este tema excede los propósitos de este artículo.

Estereotipos, ayer y hoy

Los estereotipos sobre África actualmente se resumen en dos categorías. En primer lugar, ver el continente como una masa homogénea y caótica, asolada por el hambre, con imágenes que llegan de niños desnutridos, o bien el espacio por antonomasia de la violencia, de conflictos armados, muertes, enfermedades y violencia atávica.

La segunda visión es positiva, pero igual de errónea. Propone entender África como el espacio de la naturaleza en su máximo esplendor, de grandiosas visiones paisajísticas, fauna en todo su potencial y a sus habitantes como una parte más de ese ambiente maravilloso, un mero decorado.

Respecto al africano, se lo tiende a ver como una pobre víctima, sumisa y dócil, siempre presta a la ayuda occidental. En todas las versiones indicadas, la realidad de un continente muy complejo y de su población es rotundamente distorsionada.

En el siglo XIX se encuentran indicios que hoy abonan a las representaciones indicadas. Sarmiento es un ejemplo de autor que ha volcado algunas impresiones útiles para cimentar una visión negativa de África. Su momento de mayor producción comenzó en la década de 1840, años del citado Facundo y también de Viajes por Europa, África y América.

Viajes
Los Viajes fueron publicados como una suerte de bitácora en donde ofreció memorias sobre su tránsito por varios países, incluyendo el único de África que conoció, Argelia. Sin embargo, vierte opiniones de ciertos puntos del África subsahariana, o Egipto, sitios sobre los cuales opinó pero sin haber estado.

Respecto a la violencia inherente a lo africano, en Facundo escribió: “El ejecutar con el cuchillo, degollando y no fusilando, es un instinto de carnicero que Rosas ha sabido aprovechar para dar, todavía, a la muerte, formas gauchas y al asesino placeres horribles (…) un sistema de asesinatos y crueldades, tolerables tan sólo en Ashanty y Dahomai, en el interior de África.”. De modo que con esta cita homologaba el instinto asesino del gobierno de turno de Juan Manuel de Rosas de larga duración, entre 1835 y 1852, con lo más bajo en la escala de la evolución humana. En Chile, en el exilio, Sarmiento escribió el Facundo. Por su parte, el gobierno chileno, con fines pedagógicos, le financiaría tiempo después un largo viaje por varios países, dentro de un itinerario que incluyó Argelia.

Argelia, colonia francesa desde 1830, es el único lugar africano que conoció el sanjuanino. Al árabe, al igual que al subsahariano, lo trató como a un ser inferior, brutalizado y, con un elemento extra, fanatizado por su fe. Vio en el Islam un elemento perverso que atrajo a masas ignorantes. En su lectura de la sociedad argelina perdió de vista la diversidad de pueblos que la forman. En resumen, el mismo reduccionismo con el que se mira hacia África en general hoy.

En la muy conocida lectura dual sarmientina que opone civilización a barbarie, el África subsahariana es el espacio de la segunda por naturaleza. Volviendo a su obra Conflicto y armonía de razas, señala que las zonas en donde el comercio europeo no ha podido recalar son las que conservan el salvajismo en su estado más puro, como África y, también, Asia Central.

Finalmente, a la imagen del africano que lo referencia como salvaje se contrapone la de un ser infantil y alegre. En la misma obra Sarmiento deja una traza de lo último: “Los negros son por el contrario la raza más demostrativa y bulliciosa para la expresión de los efectos, la pena, la alegría y aun sorpresa”. Estas impresiones decimonónicas sobreviven en el imaginario actual sobre África, en el cual se vincula la alegría del africano con el presunto carácter irracional de su mentalidad.

 

 

Sitios web de descarga de las obras citadas:

http://bibliotecadigital.educ.ar/uploads/contents/DomingoF.Sarmiento-Facundo0.pdf

http://www.cervantesvirtual.com/obra/viajes-en-europa-africa-i-america-1851–0/

www.proyectosarmiento.com.ar/trabajos.pdf/conflicto.pdf

 

Publicado en:

http://ceaboletin.blogspot.com.ar/2015/10/africa-y-el-cliche-reflexiones.html