China y su relación con África: ¿nueva metrópoli del siglo XXI?

A más de 600 años del inicio de contactos bien documentados entre el gigante asiático y el continente africano, la relación hoy día se halla en su cenit, si bien se discute la naturaleza del vínculo en base a la intencionalidad china. En aproximadamente los últimos 50 años, Beijing centró gradual y fuertemente el interés por África, continente que fuera tradicionalmente esfera de influencia occidental. A comienzos del presente siglo la relación comenzó a intensificarse al galope y al compás del inmenso crecimiento de la economía del gigante oriental. El comercio bilateral cerró en un nuevo récord al superar los u$s 200.000 millones durante 2013, convirtiendo al dragón asiático, ávido de mantener la segunda economía planetaria y siendo el país de mayor población, en el principal socio comercial africano. En ningún lugar del mundo es más evidente el rápido ascenso chino que en África.

China esgrime argumentos de que sus relaciones con los africanos comenzaron mucho antes que las de África con los europeos y siempre fueron pacíficas, a fin de justificar su empresa actual (y desplazar a los occidentales dicho sea de paso) en el sentido de profundizar  su acercamiento a un continente muy rico en recursos naturales y por el cual hace tiempo que va a la caza dada la urgencia de sus necesidades internas. El involucramiento de China en África responde a una necesidad estratégica a nivel planetario. El gigante asiático debe crecer al menos un 8% anual para mantener la paz interna y así es perentoria la provisión de materias primas desde el exterior. África, un baluarte, es clave.

Observatorio de Política China


Rápido vistazo al pasado

Las relaciones se remontan hasta hace 3.000 años, pero poco se sabe. En cambio, en fecha relativamente más reciente como el siglo IX de nuestra era, se evidencia el funcionamiento sólido de una red comercial internacional por la cual circularon productos de lujo desde el este de África hacia China, vía el Golfo Pérsico, y viceversa, hasta el siglo X. Luego se retomaron las relaciones en el siglo XV más por iniciativa china, siempre en forma pacífica.

Pese a la imagen que se hace de Europa como iniciador de la expansión por el mundo, existe una historia diferente. En 1405 comenzaron los viajes ultramarinos de la flota imperial china, comandadas por un eunuco, Cheng Ho, quien durante más de veinte años recorrió el Océano Índico, a la sazón la fuente de las riquezas del mundo. Su flota estuvo compuesta por más de 300 barcos tripulados por unos 27.000 marineros, la más grande que se viera en los próximos 500 años. Fue una empresa relativamente breve. Los viajes de Cheng Ho finalizaron en 1433 y la política imperial perdió gradualmente atractivo por el mar. Las prioridades estaban en tierra.

Las relaciones diplomáticas con África retornarían a partir de la Revolución Comunista de 1949, cuando el nuevo régimen alentó la cooperación con los partidos comunistas del mundo, aunque el momento de oro de la diplomacia china se dio tras el fracaso que significó la Revolución Cultural y, sobre todo, a partir de la década de 1980. Un ejemplo es el ferrocarril TanZam que une las capitales de Tanzania y Zambia, con casi 1.680 kilómetros de extensión e inaugurado en 1975. Desde comienzos de la década de 1980, con una política de reforma y apertura, la estrategia china ha sido la de procurarse materias primas y recursos, línea que, con un bajo perfil pero con resultados explosivos en la lógica de la tan mentada cooperación Sur-Sur, sigue hasta hoy.

 


El siglo XXI

La asociación citada aportó beneficios para las dos partes. A finales de 1999 las empresas chinas habían firmado con los países de África 9.792 contratos de cooperación por un monto de u$s 14.090 millones y habían finalizado obras estimadas en u$s 11.000 millones. Es una señal de lo que vendría. En 2000 se firmaron 623 contratos más por u$s 1.230 millones. A finales de junio de 2000 China formalizó inversiones en 47 países africanos fijando 480 empresas y eso fue el principio. En 2009 hubo más de 800 empresas chinas de propiedad estatal activas en la economía africana, mientras que en 2007 la población china estimada en África era de 750.000 individuos, siendo unos 35 millones los chinos que viven en la diáspora actualmente. Si bien la opinión generalizada tiende a priorizar el beneficio de la presencia china en África, no debe olvidarse que la misma genera varios problemas. Uno destacado refiere al atropello a los derechos humanos. El gigante asiático se involucró económicamente con países considerados parias, tales como Zimbabwe o Sudán, bajo dictadores severamente cuestionados en Occidente.

¿Segundas intenciones?

China avanza en África a pasos agigantados a medida que este inmenso país crece. Para 2020 pasaría de ser la segunda economía a ocupar el primer puesto. Algunos temen este avance desmesurado. Pero, como la relación con África es incipiente (en su máximo desarrollo no va más atrás de 2000), todavía se debate si el vínculo es expresión reivindicativa y plena de la cooperación austral o si se trata de una acción neocolonizadora.

Como sea, China pasó de la marginación en la órbita asiática de época maoísta a ser un epicentro regional y también un gigante mundial. Esto coincide con el abandono de África por parte de Occidente desde el fin del mundo bipolar que dejó a los Estados africanos librados a su suerte. Allí China ve una veta, aunque en buena medida depende de la iniciativa de los africanos. Entonces, buscando nuevos horizontes y, pese al debate y las imperfecciones, hay más China-África para rato.

 

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