El inicio del fin del domino francés en África

La protesta de Sétif cumple 75 años.

Un pueblo argelino, Sétif, en el norte de África incidió en parte en la historia posterior de los territorios del continente en posesión de Francia. El 8 de mayo de 1945 se vivió como una jornada festiva en Francia al proclamarse la rendición alemana en la Segunda Guerra Mundial la noche anterior. Pero en Sétif, una población localizada a poco más de 250 kilómetros de la capital argelina, se vivió de forma muy diferente. Los componentes de Argelia eran un departamento más de la Francia metropolitana, rango muy particular en comparación a los demás territorios franceses de África. La metrópoli había ocupado el actual país norafricano a partir de 1830, siempre encontrando una tenaz resistencia local.

En Argel y Orán la población de pied-noirs, los colonos blancos, en su mayoría franceses, era alta, a diferencia del enclave de Sétif, donde el predominio musulmán acarreaba una fuerte tradición de nacionalismo. A propósito, a mediados de abril las autoridades locales habían recibido información sobre una posible insurrección acompañada por actos de sabotaje. Los reportes no parecían ser errados. El hambre acechaba, pues la última lluvia databa de enero, y la guerra había generado diversas privaciones. De todos modos, había factores previos en la forma de ocupación francesa que escapaban al contexto y generaron más descontento. Uno de ellos era que, a pesar de ser parte de Francia, la mayoría de la población argelina no era considerada ciudadana. Para 1936 la cantidad de ciudadanos nativos musulmanes no superaba 2.500. Eran 8 millones de musulmanes frente a un millón de pied-noirs y la representación en la Asamblea Nacional Francesa era ampliamente despareja en favor del último grupo a quienes separaba del otro un abismo a nivel socioeconómico.

Los primeros gérmenes de organización nacionalista se encuentran a partir de 1925. Messali Hadj fue uno de los líderes más conocidos de entre las filas del nacionalismo argelino, entre otros. En 1933 este último promulgaba la idea de revolución, sufragio universal e independencia de las tres naciones del Magreb, además de confiscación de todos los bienes de colonos o propiedad del gobierno francés. Muchos de los ideales de Messali fueron luego adoptados por el FLN (Frente de Liberación Nacional, por su siglas en francés), el movimiento y partido que condujo el país a la independencia en 1962.

Bandera nacionalista argelina de la época de las protestas en Sétif

Convocatoria y represión

Tras varios movimientos del bando nacionalista en el contexto de la Conferencia de Brazzaville, promovida por Charles de Gaulle, en marzo de 1944 los principales cuadros nacionalistas se unieron en un frente conocido como Amigos del Manifiesto de la Libertad. No obstante, la derrota nazi anunció para Argelia la vuelta de Francia al derrotero colonial, si bien más debilitada, firme en su convicción de no ceder un paso ante las exigencias nacionalistas. El poderoso ejército francés se prestó enseguida al apoyo de los desesperados pied-noirs, en pánico ante el crecimiento de las demandas locales.

No más de 20 gendarmes franceses se encontraban en Sétif el día de mayo señalado ya que la mayoría de los efectivos todavía permanecía en Europa como producto de una guerra que llegaba a su fin. La autoridad local, atenta a la posible concurrencia de unas 8.000 personas, se mantuvo vigilante sobre la presencia de carteles políticos entre el público. Precisamente fue la aparición de banderas nacionalistas exigiendo la independencia argelina lo que propició la represión colonial y la consiguiente reacción entre las personas reunidas.

Se confirmó que entre los manifestantes había hombres armados que comenzaron a atacar a cualquier europeo con el que se toparan. Un blanco predilecto de masacre fueron los funcionarios menores del régimen francés. Hechos parecidos se dieron en Guelma, a 200 kilómetros, donde también se registraron asesinatos, violaciones y saqueos. En Sétif la violencia duró cinco días hasta que tropas francesas pacificaron la ciudad. Se contaron 103 víctimas europeas, una centena de heridos y varias mujeres violadas, incluso una de 84 años. Varios de los cadáveres de esas víctimas fueron hallados con mutilaciones. La violencia se extendió por toda la provincia de Constantina.

La represión contó con numerosas ejecuciones sumarias y, según el parte oficial, entre 500 y 600 muertes producto del accionar de las fuerzas armadas, a lo que debe sumarse un número no establecido de decesos entre el bombardeo naval y el aéreo. Sin embargo, estos registros escatiman números y las estimaciones varían pero siempre con cifras mucho mayores. Una fuente pro argelina llegó a estimar hasta 45.000 muertes, número aceptado por el nacionalismo local. Otra versión habló de 6.000 argelinos caídos.

Alto costo para París

En Francia algunas voces, como la de la feminista Simone de Beauvoir, hicieron eco de lo sucedido en Sétif y en otras localidades pero, en líneas generales, el público francés no supo mucho de la masacre. Sin embargo, en Argelia el impacto fue contundente. A varios de los contemporáneos el recuerdo de Sétif les dejó una huella imborrable. Fue el caso del futuro presidente y cuadro del FLN, Ahmed Ben Bella, quien había vuelto de combate y, al enterarse de lo ocurrido, comprendió que la única forma de proceder era mediante la liberación del país. En contraste, la reacción de los colonos fue de pánico, de pedido de endurecimiento de medidas.

Sétif y Guelma fueron el prolegómeno de nuevas masacres coloniales, tanto en Argelia como en otros territorios franceses. La más sonante se produjo en Madagascar en 1947. En el país del norte de África la masacre de 1945 abonó más al caldo de cultivo necesario para un nacionalismo siempre virulento y dispuesto a actuar, como al momento del estallido de la guerra de liberación, en noviembre de 1954. Un conflicto que incidió negativamente en Francia, explicando en gran parte el proceso que llevaría a la descomposición de su imperio entre 1958 y 1960, comenzando por la independencia de los dos protectorados vecinos, Túnez y Marruecos, en 1956, y en 1958 la caída de la IV República. Incluso la guerra en Argelia se extendió hasta los primeros meses de 1962 cuando casi todo el territorio francés en África ya se había independizado. La opinión pública francesa recibió horrorizada las informaciones sobre las masacres y los horrores acontecidos en suelo argelino durante 1954 y 1962.

© European Union 2018 – European Parliament

Sétif quedó grabado en la memoria colectiva de Argelia y todos los años se conmemora lo sucedido. El 8 de mayo de 2005 el expresidente Abdelaziz Bouteflika reclamó a Francia en forma oficial el reconocimiento de la masacre, calificando al colonialismo de genocida, y le exigió reparaciones. De este modo Bouteflika respondía a una ley francesa sancionada unos meses antes según la cual la Asamblea Nacional Francesa había destacado el “papel positivo” del colonialismo en África del norte y las Antillas. Siete años más tarde François Hollande reconoció los excesos del colonialismo francés en Argelia y referenció Sétif como una de las masacres ocurridas. De todos modos, el ex mandatario francés no pidió disculpas.

En 2017, como candidato presidencial, Emmanuel Macron ganó simpatías en varios sectores argelinos al acusar al colonialismo de ser un delito contra la humanidad y del cual Francia debería disculparse. Al año siguiente el actual mandatario admitió la responsabilidad francesa en crímenes cometidos durante la guerra de independencia como el secuestro, la tortura y el asesinato del matemático y militante Maurice Audin durante la batalla de Argel, en 1957.

La Segunda Guerra Mundial incidió sobre la conservación del imperio francés. No obstante, la presencia del país europeo en África no concluye. La Françafrique compone un capítulo aparte.

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