HAITÍ: entre hechiceros, zombies y caníbales

Si bien Haití es el país más pobre de América Latina, alberga un rico bagaje cultural que encierra siglos de viva historia. Las tradiciones ancestrales conviven en una pequeña isla cuya situación caótica pone en vilo a la opinión pública internacional ya que décadas bien arraigadas en el pasado de opresión y atropellos han conmovido la estabilidad de los haitianos. Y nadie se ha sensibilizado por ello, al contrario, dichas penurias perduran en sus memorias y no existe el menor atenuante.

Haciendo un poco de teoría sobre la visión del «otro» se puede afirmar que es un lugar común indicar que la revisión sobre la historia del mundo contemporáneo llama a disolver la dicotomía entre lo civilizado y lo bárbaro. Un repaso sobre el citado binomio, tomando en cuenta el estudio de la situación en algunas zonas críticas del planeta, incita a pensar en dos posturas sobre el término que pueden coexistir, sin dar lugar a problemas. Las dos apuntan a concebir el fin de esta noción de vieja data, perteneciente en sus inicios a la Grecia clásica, cuna de la civilización occidental por antonomasia.

Una posición postula que, en realidad, la barbarie está a la orden del día, incluso en la culta y refinada civilización occidental de la que somos parte. Entonces, hay que reinventar una suerte de nueva barbarie, puesto que cada persona en germen puede obrar como un “bárbaro”, incluso y llamativamente, en el seno de la civilización moderna. Freud y Spengler, entre otros, lo habían advertido. Dicha advertencia es comprensible y puede ser vista ya como un hecho. La violencia tiñe de negro la cara de las noticias internacionales en los medios de comunicación, diariamente.

Otra concepción indicaría que la civilización ha invadido todas las esferas de lo humano, y que la barbarie constituye un ítem extinto puesto que los sucesivos enemigos de la “civilización” han desaparecido: el fascismo, el socialismo, etc. En todo caso, constituye un sugestivo elemento de estudio para antropólogos en zonas muy puntuales apartadas del mundo y no un tema que se presente a la orden del día; por el contrario, se halla sólo en los ínfimos márgenes de lo considerado “civilizado”.

En suma, ambas posturas coinciden en el punto de afirmar que la construcción dicotómica que guió la comprensión del “descubrimiento” del Nuevo Mundo, ya ha caducado hace tiempo. Sin embargo los tópicos de la “barbarie” se hallan -así parece ser- más vivos que nunca, en este caso, trayendo a colación el caso de una república americana -auténtico caso de excepción-, Haití. Se presenciaría en este país el discurso sobre la barbarie a flor de piel. Parece ser que una nueva representación sobre el “bárbaro” toma impulso en esta nación caribeña, retomando los hilos conductores de viejas épocas, en particular las primeras impresiones sobre el tema de la “otredad”, en la lejana época de la polis griega. Aparentemente, la dicotomía reaparece en un contexto particular y problemático.

Can Stock Photo

 

Haití forma parte de la antigua La Española, isla del Caribe con la que Cristóbal Colón se encontró en su primer viaje, a fines de 1492, bautizándola de esa forma. La isla fue dividida entre las dos potencias coloniales que la reclamaban para sí, el sector oriental se integró a las posesiones imperiales españolas, y la parte occidental a los dominios ultramarinos de Francia. La metrópoli francesa utilizó esta porción occidental para enriquecer las arcas mediante un negocio simple pero lucrativo, la exportación de productos tropicales, el azúcar fue uno de los principales. Los trabajadores que debieron soportar el calor del Caribe y el maltrato en tierra haitiana fueron esclavos negros importados directamente desde la otra ribera del Atlántico. Haití fue una colonia negra por excelencia, y esta característica definiría la marcha de los asuntos posteriores.

Toussaint Loverture, héroe de la independencia (Wikipedia)

 

La primera revuelta victoriosa de esclavos tuvo como protagonista a los habitantes de este lugar, en 1791, haciéndose eco de lo sucedido en Europa, y particularmente en Francia. Este país caribeño, verdadero ejemplo como primera nación independiente del Tercer Mundo, a partir de 1804, sería una suerte de guía para los demás oprimidos por el colonialismo europeo en América. El nuevo Estado surgido a partir de ese año proclamó negro a todo haitiano cualquiera fuera su color y libre a todo aquel que pisara esa tierra, colocando especial énfasis en los esclavos prófugos del Caribe y aquellos africanos venidos del continente negro.

 

Como indica Laënnec Hurbon en su libro El bárbaro imaginario (Fondo de Cultura Económica, 1993), la nueva nación libre e independiente debería mostrar al mundo que los negros eran aptos para autogobernarse y que ya no eran más aquellos esclavos (o bien zombis y caníbales) sobre los cuales las representaciones coloniales habían confluido al construir un estereotipo peyorativo para ridiculizarlos y mostrar su pretendida inferioridad.

Si bien la proyección intelectual fue un intento que ocupó a generaciones de pensadores, la historia quiso demostrar que los intelectuales haitianos han tenido severas dificultades para encontrar una fórmula que reportara calma y bienestar a nivel nacional. Así lo entiende Hurbon. Haití carga con el duro historial de tener una serie extensa de dictadores, fanáticos emperadores y cambios constitucionales continuos. Se agrega a la lista trágica un interregno de ocupación y gobierno norteamericano de aproximadamente veinte años (así como la interferencia directa y constante de Estados Unidos en otras épocas, por su parte, tendencia repetitiva en el Caribe en su conjunto). Finalmente, lo peor de todo, el país presenta una masa de antiguos esclavos (y por supuesto, sus descendientes actuales) a los que poco y nada se los ha podido rescatar del pozo de ignorancia y mediocridad en el que siempre estuvieron inmersos. No hubo el menor interés por parte de los sucesivos gobiernos que ocuparon el poder en este país insular en mejorar la calidad de vida de la mayoría de su población.

La élite que asumió el poder desde la independencia trató de despojarse del pasado oscuro que la dominación colonial trajo aparejado. Este grupo tenía la misión de mostrar que los negros eran capaces de autogobernarse y que ahora ya no eran más esclavos, sino que venían a ocupar el lugar anterior que le perteneció a los “blancos”. Así, el programa intelectual de la élite consistía en producir un discurso que negara la imagen del negro como salvaje y tirano, y, en contraste, debía mostrar una imagen del mismo capaz de gobernarse a sí mismo como en “Occidente”. Se produjo un ataque contra uno de los elementos centrales que hacen a la definición del imaginario social de Haití, el vuduismo fue severamente sancionado en diversas épocas. Las formas en que se aplicó la sanción son analizadas minuciosamente por Hurbon en su libro.

Al combatir y despojarse del vuduismo, la élite creía darle el golpe de gracia a otros tópicos con los que se asociaba a la población negra históricamente: el canibalismo y la hechicería. La tarea del intelectual negro consistía, entonces, en rehabilitar al negro y defenderlo ante esas viles e infundadas acusaciones. En otras palabras, se debía enmascarar el pasado negro. De esta forma los Emperadores haitianos se declaraban “amos absolutos” como forma ideal de ocultar que alguna vez tuvieron raíces negras, o fueron esclavos ellos mismos. En ese sentido, el mulato tenía las de ganar, al no ser negro, tenía una proximidad más real con el amo. La supo explotar en su provecho satisfactoriamente. No debió fingir casi nada.

Hurbon detecta un problema. A pesar de estas interesantes construcciones “por arriba”, el Estado haitiano se vio imposibilitado de llegar a las masas y resolver los problemas más acuciantes, como el alto índice de analfabetismo y la miseria en el país actualmente más pobre de América Latina y políticamente colapsado. Se observó desde temprano el divorcio existente entre la élite mulata y el grueso de la población afrodescendiente.

El gobernante de turno indefectiblemente debió presentarse como el nuevo amo para ser respetado y a la vez, irónicamente, como el supremo defensor de la raza negra. Consecuentemente, el despotismo y la omnipotencia de los mandatarios haitianos marcaron la pauta política en el país. Los Duvalier son el caso arquetípico de esta construcción del poder. Nada cambió con ellos, durante el extenso mandato de padre e hijo, marcado significativamente por el terror (1957-1986), incluso la represión se hizo más severa.

Papa Doc (web ihavenotv.com)

 

Entonces, con seguridad, más de 30 mil personas perecieron víctimas del abuso de poder. Y lo más llamativo resultó el hecho de que la población -y todo tipo de oposición al régimen- especulaba con la idea que Papa Doc y Baby Doc, como fueron denominados respectivamente François Duvalier y su hijo, Jean-Claude, recurrían a toda práctica relacionada con lo que precisamente una generación entera de políticos pretendía suprimir: el vuduismo, el canibalismo y la hechicería. Es decir, con la imagen negativa del “otro”. El “bárbaro” vuelve a nacer entre nosotros cuando uno menos lo sospecha.

Lo anterior, ¿es la derrota de los intelectuales haitianos? No, es parte de lo más lógico del imaginario social del país: el vuduismo constituye una religión en el Caribe de lo más usual, como en su África natal. Como instrumento de resistencia, fue adoptado para hacer más tolerable la opresión colonial. Más tarde siguió estando vigente y actualmente la República de Haití es considerada un baluarte en el ejercicio de esas prácticas “aberrantes” para algunos. Es necesario sacarse las anteojeras de Occidente, de vez en cuando, para ver más allá. Si se quiere pretender que el “bárbaro” renació, allá pues. Discusión interesante. Al margen del debate, un dato sobre Haití es cierto y esclarecedor, su Estado no es racional, pero eso no quita que sea “civilizado”. Si el vudú desaparece, la entidad estatal también seguirá ese rumbo. No es una especie de locura inexplicable, al contrario, es tan constitutiva del imaginario social, como el tango lo es en Argentina. Se debe insistir en el retiro de las anteojeras, con suma urgencia.

Tonton macoute en una demostración de fuerza
(web LatinAmericanStudies.org)

 

Volviendo a los Duvalier. A la caída de Baby Doc, Haití se vio más que nunca envuelta en las sombras. Una débil e incipiente democracia no fue suficiente. Las crisis reavivan el fantasma de la “hechicería” y así las sospechas de vuduismo aumentan. Los relatos sobre “hechiceros caníbales” y festines antropófagos cobran mayor intensidad en momentos de inestabilidad, como el que se cita. Para Hurbon esto siempre ocurrió en Haití. En estas épocas tenebrosas, las historias que corrientemente se hallan presentes, devienen en psicosis, estados de histeria colectiva. Por ejemplo, se llegaba a creer que bajo el régimen de Duvalier, los Tonton-macoutes, sus fuerzas de choque, capturaron a los líderes de la oposición política dándoles muerte para que luego el propio autócrata devorase sus cabezas.

Así, ¿quién no diría que la barbarie ha vuelto? Hurbon así pareciera creerlo por momentos.

Aristide

 

Aristide (2004), el presidente derrocado
(AFP, Roberto Schmidt)

 

La gravedad de la crisis haitiana quedó revelada con el escándalo surgido en 2004, propiciada por la caída del gobierno democrático -nuevo golpe militar mediante, iniciado como una revuelta armada- en contra de quien oportunamente fue una de las principales voces críticas de la dictadura duvalierista, Jean-Bertrand Aristide, a fines de febrero. Se lo acusaba de ahondar la miseria y la corrupción. El país debió quedar virtualmente a cargo de los cascos azules de la ONU. Sin embargo, la ayuda humanitaria llegó con dificultades, debido a la corrupción, las rivalidades políticas y la débil respuesta de autoridades locales y nacionales, dentro de una consabida coyuntura muy crítica. La nota de color del asunto la confiere el nombre de uno de los grupos armados de la oposición al presidente derrocado: “Ejército Caníbal”, bautizado formalmente -y con menos escándalo- “Frente de Resistencia de Gonaïves”, tal como lo registró en marzo de 2004 George Packer del diario Neoyorquino. Parece que la “desbarbarización” fue un fracaso. Vaya forma de celebrar el Bicentenario de la Independencia que se buscaron los haitianos. Otra de las tantas ironías del Caribe. Otra nota de color más llamativa fueron las numerosas denuncias contra los cascos azules respecto al acoso sexual a menores haitianos (Mike Williams, BBC, noviembre 2006).

Baby Doc (web WLRN)

 

Cambiando de tema, la reciente disculpa pública que ofreció “Baby Doc” Duvalier al pueblo haitiano por los excesos cometidos durante su mandato, resulta superflua. Aceptar unas disculpas no es lógico. De eso debería encargarse la justicia internacional. La opinión la transmitía y compartía en septiembre de 2007 el periodista Steven Gehy desde un blog haitiano (petionvillehaiti.blogspot.com).

En la medida en que Haití continúe siendo visto como un reducto no muy diferente al que contemplaron los españoles en su contacto con el Nuevo Mundo (la cuna de lo bárbaro, el eje del mal, etc.), se asistirá a la imposibilidad de entender la verdadera naturaleza del conflicto que aqueja a este país insular.

Por lo general, el prejuicio y las preconcepciones heredadas constituyen las principales trabas para la reconstrucción del imaginario social y la consecución de la verdad histórica. En todo caso, se halle presente o no el “bárbaro” en Haití, el punto es que las construcciones del poder en este país pobrísimo se encuentran tan vinculadas a las prácticas cotidianas, que es imposible discernir la ruptura entre unas y otras. Rebajar la cuestión a términos “barbáricos” verdaderamente simplifica alevosamente una cuestión compleja que contribuye a explicar buena parte de la crisis nacional en este país caribeño.

 

Fuentes:

o Alberto Armendáriz, “Renunció Aristide y EE.UU. comenzó a desplegar tropas”, 1º de marzo de 2004. Diario La Nación (Consultado en http://www.lanacion.com.ar/577597; fecha de consulta: 1º de octubre de 2007).

o Steven Gehy, “El dictador Baby Doc Duvalier pide perdón”, 25 de septiembre de 2007. Blog “Desde Haití Chérie” (Consultado en http://petionvillehaiti.blogspot.com/2007/09/el-dictador-baby-doc-duvalier-pide.html; fecha de consulta: 3 de octubre de 2007).

o Laënnec Hurbon, El bárbaro imaginario, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.

o Carlos M. Reymundo Roberts, “El drama de una tierra castigada por el atraso y la violencia”, 29 de febrero de 2004. Diario La Nación (Consultado en http://www.lanacion.com.ar/577240; fecha de consulta: 4 de octubre de 2007).

o Juan Gabriel Tokatlian, “¿Para qué seguir en Haití?”, 19 de septiembre de 2007. Diario La Nación (Consultado en http://www.lanacion.com.ar/945297; fecha de consulta: 4 de octubre de 2007).

o Mike Williams, “Cascos azules acusados de abuso sexual”, 30 de noviembre de 2006. BBC Mundo.com (Consultado en  http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_6158000/6158387.stm; fecha de consulta: 2 de octubre de 2007).

 

Publicado en:

http://elartequenosuspende.blogspot.com.ar/2010/03/haiti-ll-perspectiva-historica.html