Siria actualiza el fantasma de la guerra química

Siria actualiza el fantasma de la guerra química
Mientras Washington analiza la propuesta de Rusia para que el régimen de Bashar al-Assad someta a inspección internacional su arsenal químico, el supuesto empleo de este tipo de armas sobre civiles -confirmado según los EE.UU.- obliga a un repaso por la historia de este armamento atípico y sus riesgos. Mitos y verdades sobre el por qué de su utilización.

 

AFP, Mandel Ngan

A la cruenta guerra civil que sufre Siria desde comienzos de 2011, con más de 100.000 muertos, 7 millones de necesitados de ayuda humanitaria, junto al vergonzoso récord de un millón de niños refugiados, se suma otro factor desconcertante, el empleo de armas químicas. Los Estados Unidos tiene certeza que en Damasco, el régimen desafiado del dictador Al-Assad las utilizó contra civiles, por lo que Washington medita su intervención, mientras Rusia se opone y propone un plan para que Siria someta a supervisión internacional su arsenal químico, abriendo la puerta a una eventual salida diplomática. Obama, que estableció que ese hecho constituye traspasar la «línea roja» del conflicto, medita la propuesta. Con más de 1.000 fallecidos según la Casa Blanca, sería el ataque químico más mortífero que se recuerde desde los ’80. ¿En qué otros casos se traspasó aquel límite? ¿Cuáles fueron los motivos? ¿Cómo son vistas las armas químicas hoy?
Guerra no convencional
Desde el término de la Primera Guerra Mundial, en tanto bautismo de fuego en escala masiva, las armas químicas han sido muy poco utilizadas, debido a que son altamente imprecisas. «En efecto, durante la Segunda Guerra Mundial no se usaron en forma generalizada», repara Fabián Calle, profesor de Relaciones Internacionales en UCA.
De todos modos, quedaron como instrumento del arsenal, aunque de empleo bastante limitado. Más tarde se utilizó el químico como herramienta para la deforestación en la guerra de Vietnam y se sospecha que en Colombia se utilizó para neutralizar cultivos ligados al narcotráfico. Los casos más resonantes se dieron en Irak en los ’80. El dictador Saddam Hussein las utilizó para reprimir a poblaciones kurdas. También fue a la guerra. «El régimen iraquí desplegó arsenal químico al comienzo de su guerra contra Irán», advierte Mariano Aguas, coordinador del departamento de Ciencia Política de la UP. «Resultaron más de 100.000 soldados muertos y ello sin contar las miles de bajas civiles», complementa Sebastián Vigliero, profesor de la licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE.
«Hay tres niveles en los que podemos circunscribir las armas químicas», puntualiza el docente de UADE. El primero, la utilización de los estados con fines militares, puesto que son un tipo de Armas de Destrucción Masiva (ADM). El segundo se da a nivel doméstico en la represión, con los kurdos de Irak. El tercer tipo, la amenaza que significan en poder de organizaciones terroristas. «Éste es el más latente y de mayor riesgo», agrega.
Respecto del primer uso, no existen muchos casos en que los estados hayan tenido interés en utilizar arsenales químicos, aunque sí hechos puntuales ligados al tercer tipo, el terrorismo, destacándose los atentados en la red de subterráneos de Tokio con gas sarín en 1995, adjudicados a un grupo terrorista nipón, y la amenaza química de la red fundamentalista islámica Al Qaeda (que insiste en acceder a los arsenales químicos sirios).
Las cartas en los Estados Unidos con ántrax tras el 11-S, responden a otro caso que causó una gran conmoción.
El terrorismo moderno está en la vía de recrear compuestos no sólo químicos sino también biológicos, con un poder destructivo incluso mayor que el de las armas de guerra convencional. «Las armas químicas son menos costosas y más fáciles de ocultar y producir», explica Rut Diamint, profesora del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de UTDT e investigadora del CONICET.
Frente al empleo de armas químicas se da la coexistencia de dos planos analíticos. Por un lado, se muestra lo horroroso y atroz del hecho, y lo positivo que resulta su denuncia. Por otro, también resulta un instrumento muy útil para generar legitimidad donde no la hay. En muchos casos, la presencia de armas químicas ha funcionado como coartada para urdir planes que distan del interés humanitario. «La guerra siempre invoca un principio de justicia», sentencia Aguas.
Hoy la presencia de armas químicas se vale de excusa para emprender diversas acciones que no necesariamente hacen al concepto de lo justo. Sin embargo, en la tradición de las guerras, la doctrina enseña que es justicia intervenir contra un régimen que utiliza armamento químico. «Existen guerras necesarias y otras inventadas», remata el docente de UCA.
Hacer la vista gorda
Pese al repudio que causa la matanza de civiles en Siria con armas químicas, grandes potencias como los Estados Unidos y la antigua Unión Soviética experimentaron su uso en el pasado, a pesar de que el Protocolo de Ginebra de 1925 compromete a los países a no usarlas y, desde 1997, rige la Convención de Armas Químicas multilateral (CWC). «Son 189 signatarios, pero existen cinco países que no reconocen la Convención. Siria es uno», sostiene la docente de UTDT. La Resolución Nº 1540 de la ONU establece que todos los firmantes deben contar con controles locales que supervisen la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas. «Siria queda fuera de esto, tiene el arsenal químico y desea usarlo», añade. De tal modo, su empleo posibilita a Occidente intervenir allí. «Pero mientras Irak gaseaba a los kurdos, la comunidad internacional miró para otro lado», explica el docente de UP.
Ahora bien, si Washington se negaba a intervenir en el país árabe, ya no tiene alternativa. Para los Estados Unidos, la intervención es justificada aunque incómoda. «Obama no puede perder credibilidad», observa Calle.
En la prevención de estas catástrofes, las sospechas muchas veces estuvieron contra Irak. «Irán siempre acusó a los Estados Unidos, Alemania y Francia por haber ayudado a los iraquíes en el desarrollo de su arsenal químico», puntualiza Vigliero. Así fue como con la invasión y posterior deposición de Saddam Hussein en 2003, la motivación se fundaba en que el líder iraquí escondía armas de destrucción masivas químicas y biológicas. «Sin embargo, luego se comprobó que tales sospechas eran infundadas», matiza el docente de UCA.
A la hora de pasar a la acción, el caso actual de Siria es en algún punto similar. «El régimen de Damasco se pegó un tiro en el pie a partir del uso de armas químicas, que podría justificar un bombardeo», opina Aguas. Occidente no desea apoyar a los rebeldes sirios, de los cuales también surgen denuncias sobre tenencia de este arsenal, ni destruir objetivos puntuales en una guerra abierta. Las potencias intervienen frente a la responsabilidad de proteger civiles, aunque eso encierra una paradoja. «Aparece una mayor legitimidad para intervenir por el empleo de armas químicas contra civiles pero Washington, por caso, no condenó el golpe militar en Egipto», finaliza Diamint. z we

 

RECUADRO
Miedo pretérito
Las armas químicas no son una novedad del siglo XX. Si bien se utilizaron a escala masiva durante la Primera Guerra Mundial, en tiempos más antiguos causaban espanto aunque su producción estuvo limitada por las condiciones de entonces.
En la Edad Media se hizo célebre el «fuego griego», una mezcla química secreta que seguía ardiendo incluso al contacto con el agua, y de temer en las batallas navales. En la prehistoria, habitantes de África del Sur usaron flechas con puntas untadas con veneno de animales salvajes. Hace 2.500 años los chinos utilizaron algunos vegetales tóxicos para contaminar túneles excavados por el enemigo y no mucho después, en Grecia, los espartanos generaron un fuego de asedio tóxico a base de madera, alquitrán y azufre para intoxicar con su humo a los enemigos atenienses.
Asimismo, en el siglo III de nuestra era, numerosos soldados romanos perecieron en un túnel bajo una nube tóxica compuesta de betún y azufre, un artificio de sus enemigos persas que luchaban por conquistar una de sus ciudades en lo que hoy es territorio de la Siria tan castigada.
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