Sudáfrica y su historia más nefasta

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“Atención, cuidado con los nativos”, cartel de advertencia típico en Johannesburg, 1956. Hulton Archive Collection/Getty Images.

 

Varios capítulos de la historia africana son particularmente traumáticos pero mayor gravedad por sus consecuencias revisten tres procesos que definieron un antes y un después: la trata esclavista atlántica, el colonialismo y el Apartheid sudafricano. Mayo presenta dos efemérides respecto al último. El antiguo régimen de Sudáfrica cumple 70 años de nacimiento, el día 26 del año 1948, y, asimismo, el día 10 (de 1994) se dio la investidura presidencial del primer presidente negro y democrático, Nelson Mandela, quien fuera central en el desmantelamiento y caída del Apartheid.

Semillas de odio

Presentes desde mediados del siglo XVII en el actual suelo sudafricano, los bóers (también llamados afrikáners, por su lengua, derivada del holandés antiguo) se pensaron a sí mismos como un pueblo elegido, con el mandato de subyugar a los demás y construir la “civilización” en el sur de África. Compitieron contra los británicos, llegados más tarde, y fueron derrotados en dos guerras entre las postrimerías del siglo XIX y principios del pasado, aunque no por eso su nacionalismo decayó. Entonces, alineados en lo que más tarde sería el Partido Nacional, se hicieron fuertes durante las primeras décadas del siglo XX, obtuvieron importantes avances parlamentarios, y comenzaron a impulsar la consolidación de un régimen de segregación racial acabado. Ya en el siglo XIX se quejaban respecto a que los británicos eran mucho más flexibles en el trato hacia la mano de obra nativa de lo que ellos toleraban. Para la comunidad bóer el partido nacionalista representaba la posibilidad de renacimiento de una nacionalidad que buscaba su autonomía como una comunidad europea en África. En 1939 muchos afrikáners resistieron el ingreso de Sudáfrica contra el Eje. La guerra dividió filas, pero en lo que siempre hubo consenso fue en el desprecio a los no blancos del país y la idea de despojarlos de derechos.

En 1948 se celebraron elecciones nacionales. La propaganda electoral de un importante jefe bóer, Daniel Malan, fue la de promover la idea de “la raza blanca en peligro” para difundir la necesidad de solidaridad entre los blancos de Sudáfrica. Entonces, se puede argumentar que entre 1945 y 1947 apareció la noción de apartheid, como justificación de la conservación de la pureza y de la identidad de la nación blanca supuestamente amenazada. El 26 de mayo de 1948 la facción supremacista bóer resultó victoriosa y Malan se convirtió en Primer Ministro sudafricano. Por primera vez todo el gabinete fue bóer. En 1951, las dos agrupaciones partidarias que habían obtenido mayoría parlamentaria se fusionaron y nació el Partido Nacional, arquitecto del Apartheid (1948-1994), un sistema que reivindicó la segregación racial como doctrina estatal.

Maquinaria engranada

La palabra apartheid apareció por primera vez en 1929 y su significado se profundizó en base a la discusión y trabajo de los teóricos del Partido Nacional, entre 1944 y 1948. Tras la victoria electoral de ese último año, su uso se popularizó. Deriva del afrikáner “segregar”. Como indicó Malan en 1944, su fin es: “asegurar la seguridad de la raza blanca y de la civilización cristiana, para mantener con honestidad los principios del apartheid y de la tutela”. Es decir, una forma de protección del grupo bóer frente a la amenaza de británicos, negros y otros grupos, en virtud del carácter heterogéneo de la sociedad sudafricana. En términos operativos, se trataba no de integrar sino de lograr un “desarrollo por separado” en el plano racial, social y también territorial, en beneficio de la comunidad blanca, que se sentía amenazada. En suma, el Apartheid debía ser el medio del blanco para mantener su hegemonía. Malan pensaba que, de seguirse la ley de la mayoría, su comunidad corría el riesgo de desaparecer o de huida. Además, se justificaba la conservación del régimen supremacista bajo la férrea convicción de que los africanos eran incapaces para el autogobierno.

Para la legitimación del nuevo sistema, fundado en 1948, existía un sustento religioso. Según las iglesias reformistas holandesas, cada raza, conforme el designio divino, debía evolucionar según sus ritmos y procurando no mezclarse con las demás ya que el mestizaje ofendería a la divinidad. A la raza blanca, por su pretendida superioridad y capacidad de autogobierno, le correspondía orientar a las demás. Con dicha perspectiva, el Apartheid comenzó a legislar en pos de la segregación acabada, si bien hubo medidas previas. En 1949 se dictó un acta de prohibición de matrimonios mixtos y al año siguiente otra sobre inmoralidad. Esta última prohibía las relaciones sexuales entre miembros de distintas razas. La última enmienda en 1950 fue complementada por un acta de registro poblacional que clasificó la población sudafricana en cuatro grupos raciales: blanco, mestizo, indio y negro. Luego se dispuso qué zona geográfica debía ocupar cada una. A la etnia negra le correspondieron diez territorios nacionales, conocidos por el nombre de bantustanes, creados en 1959. También se dictaron normas más concretas para la regulación de lo diario, como el acta de abolición de pases y coordinación de documentos. En 1952, se hizo necesaria una libreta de trabajo obligatoria para los negros, que comenzó a generar descontento y una campaña de desobediencia, por caso. Al año siguiente el acta de reserva de espacios públicos separados codificó el régimen en dichos espacios.

Descontento y reacción

A partir de las décadas de 1960 y 1970 se originó y desarrolló una fuerte resistencia a la supremacía blanca, acompañada por una creciente condena internacional al Apartheid, que implicó varias sanciones de Naciones Unidas. Hay dos hitos que propiciaron tamaña ola de descontento. Uno es la masacre de Sharpeville, en marzo de 1960, el otro es la matanza de Soweto, en junio de 1976. En esta última perecieron cerca de 700 jóvenes (según cifras no oficiales), quienes protestaban contra la imposición del idioma afrikáner en sus escuelas. Desde comienzos de los años 60 el ANC (Congreso Nacional Africano, por sus siglas en inglés) estuvo proscripto y sus líderes encarcelados.

La década de 1980 fue complicada en Sudáfrica. Ante el enojo en ascenso, la respuesta de las autoridades fue de mayor represión. En 1986, se dispuso el Estado de excepción en todo el país. Mientras rondaba el fantasma de una guerra civil por la disconformidad de la mayoría negra, se sucedieron ataques a minorías no negras en los barrios populares, como la india, y motines en varias ciudades, entre otros hechos violentos. Las inequidades de un régimen injusto se hicieron más visibles que nunca, propiciadas por un contexto de crisis económica galopante, que anunciaba la necesidad de reformas y una salida al régimen no muy lejana.

Con cooperación entre las autoridades del Apartheid y las del ANC, donde el liderazgo de Nelson Mandela fue clave, se perfiló una salida gradual, pacífica y negociada para la construcción de una Sudáfrica democrática, diluyendo el fantasma de guerra civil. A resultas de lo anterior, Mandela obtuvo el Premio Nobel de la Paz 1993 junto al entonces presidente Frederick de Klerk. Entre los hechos más destacados, en octubre de 1989 el ANC volvió a la legalidad, el 11 de febrero de 1990 Mandela fue liberado (tras 27 años de prisión) y el 21 de marzo Namibia alcanzó la independencia de Sudáfrica. En abril de 1994 el partido de Mandela resultó victorioso en las primeras elecciones democráticas del país. El nuevo presidente, reconocido como una figura de renombre internacional por su batallar incesante contra el Apartheid, asumió el 10 de mayo de 1994.

 

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