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La representación del otro. La visión del Islam en Occidente tras los atentados del 11-S

Índice

1 Introducción

2. Representaciones del Islam y actitud frente al mundo árabo-islámico en Occidente tras el 11-S:
A. Antecedentes
B. Estados Unidos
C. España

3. La islamofobia como categoría analítica

4. Conclusión: un “Islam imaginario” frente a la realidad

 

1. Introducción

El atentado perpetrado por diecinueve miembros árabes de la célula terrorista Al Qaeda a objetivos norteamericanos el 11 de septiembre de 2001 en las ciudades de Nueva York y Washington, causó la muerte de unas 3.000 personas y cambió la historia universal. Guió una modificación sustancial en la política exterior del país agredido siendo el peor episodio local sufrido desde el fin de la Guerra de Secesión1. Para muchos, el siglo XXI debiera comenzar con este hito.
La agresión provocó varios cambios en la sociedad de los Estados Unidos y con ello una transformación del mito de su pretendida invulnerabilidad, acompañada por una visión crecientemente negativa de los principales acusados, los oriundos de Oriente Medio. Si se suponía que el enemigo simbólico (y real) tradicional estaba derrotado con la caída del bloque soviético a partir de 1989, en el imaginario de los Estados Unidos, el 2001 confirmó que el nuevo enemigo a vencer serían los árabes y los musulmanes (términos confundidos entre sí), todos ellos injustificadamente asociados a grupos fundamentalistas y violentos, en realidad, una muy reducida parte del mundo árabo-islámico.
La imagen de las torres derrumbándose se torno simbólica y mostró la vulnerabilidad del país: el símbolo del capitalismo mundial cayendo en apenas hora y cuarto. En momentos de debilidad política del entonces presidente George W. Bush, el atentado fue aprovechado para incitar una “cruzada contra el terrorismo” que asumió un cariz sumamente patriótico y elevó la popularidad del mandatario.
Desde la década de 1980 la presencia in crescendo de los Estados Unidos en los asuntos de Medio Oriente (a partir de 1991 cómo única e indiscutida superpotencia), alentó un resentimiento creciente y generalizado de sus poblaciones, sumado a sus complicaciones internas, gobiernos despóticos y altos índices de pobreza y analfabetismo. En efecto, en 2005 el PBI de todos los países de la Liga Árabe no superaba al de España2. A un crecimiento galopante de la población no correspondió un desarrollo económico equivalente durante las décadas de 1970 y 1980. En otras palabras, se dio un crecimiento pero no una transformación profunda de las estructuras3.

 

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